LALI RODELLAS                                                                                                                                                                                                             ︎︎

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Cuando miras a Lali, ves que está lejos, muy lejos, casi
no la ves, incluso necesitas forzar la vista para verla bien.
Es extraño, porque a pesar de lo pequeñita que la ves, la
distingues claramente. Es morena (aunque a veces es
rubia, o de otros colores), ahora lleva el pelo bastante
largo (aunque ni tan corto ni tan largo como antes), sus
ojos sí que son siempre marrones (nunca cambian). Puede
decirse que su estatura es más bien tirando a alta (aunque
depende de con quien la compares). Sí, en la nariz lleva un
piercing y sonríe. Lali siempre inclina ligeramente la
cabeza, así acompaña su sonrisa.
Aunque está muy oscuro, justo donde está ella hay mucha
luz. Si te fijas bien, ves que está en constante movimiento.
Algo llama la atención, y es que allá donde está ella,
también está la luz. Una luz que no sabes muy bien de
dónde sale, pero sí puedes ver que allí por donde se
mueve Lali, la luz la acompaña. Unas veces, Lali está
dormida y la luz yace con ella. Otras veces, Lali camina
despreocupada y la luz alumbra sus pasos, pero hay
momentos en los que Lali se sienta y llora, y la luz la
cubre.
Sin embargo, hay días en los que Lali corre y la luz es un
destello en constante movimiento. Lali corre cada vez
más rápido, la luz y la oscuridad se funden, y tú te mareas
porque todo da vueltas y los límites se difuminan. Para no
caer caminas hacia ella, intentas alcanzarla, pero ella es
como un horizonte y se aleja. De repente, Lali se
detiene en seco y mira fijamente, te mira fijamente, ¿por
qué te mira tan fijamente? – te preguntas. Das un paso
atrás porque estás confundido y no entiendes la expresión
de su cara.
Lali te escruta con unos ojos ajenos a ella, no son sus
ojos pero le pertenecen, es ella quien te mira. Junto a
ellos, descubres otro cuerpo y otro rostro (siempre
femeninos), tampoco son los de Lali, pero sabes que es
ella. El cuerpo, el rostro y los ojos nunca se repiten, cada
vez son distintos, y su postura tampoco es la misma, pero
siempre es Lali.
Entonces empiezas a entender, Lali está buscando a
través de ellos, pero qué busca. Miras con más atención
esos retratos hasta que solo estáis tú y el retrato. Y en ese
instante oyes una voz que pregunta y trata de
responderse “¿Quién eres?... uhm… ¿qué eres?... Eres…”
¿De dónde sale esa voz?, ¿quién habla? “Soy yo, Lali.”

Sara Bueso